
Mi P200E, del año 1983, estuvo durante años en el garaje de mis padres como un chasis completamente destartalado.
En 2020, durante la pandemia, se reparó todo lo necesario y se montó con todas las piezas de recambio que aún me quedaban. Un auténtico Frankenstein. La carrocería se pulió por completo con una lijadora satinadora y se selló con barniz transparente. También he intentado dar rienda suelta a mi lado artístico: con rotuladores acrílicos pinté, por ejemplo, el «Cheesus Crust» o la pizza, y también los sellé con barniz transparente. En el futuro aún habrá muchas novedades por aquí.
La parte trasera, que mi yo más joven mandó soldar en su día, la he dejado deliberadamente tal y como está. Una Vespa llena de imperfecciones y abolladuras, pero que, técnicamente, ya es casi perfecta.
Una VMC Super G2.0 con una carcasa de membrana LML y una caja de cambios PX200 garantiza una propulsión fiable y suficiente.

